miércoles, 22 de octubre de 2014

Una vez dí un portazo...

...y el eco duró tres años.

No iba a publicar nada, lo prometo. Era mi plan. Pero mi amigo el universo me envía señales (brutales señales, ya está, me doy por enterada) y algunas son tan musicales que, aquí estamos.

Bueno, aquí estoy yo, que ya ha llovido (sobre mojado) desde la última vez y no creo que sigáis esperando nuevas entradas. Porque nadie espera para siempre. Eso es así. Además hay cosas por las que merece la pena esperar y otras por las que no. Eso, eso también es así.

Pero por si acaso en algún momento fuisteis fans del drama subyacente (del Gran Drama Subyacente, no de los tejemanejes) os diré que se apagó el eco del portazo. Que ya era hora. O tal vez era la hora. Incluso vuelve a haber cristal en las ventanas. Y es gracioso. Gracioso porque es cierto, como todo lo gracioso de verdad, pero también gracioso por la banda sonora. Por el momento. Por el lugar. Por la previa. Porque cuando ya puedes reírte de algo es cuando de verdad ya no oyes el eco del portazo.

...y se parecen, pero no lo suficiente. Porque se parecen en lo gracioso, pero poco en lo importante. Y, sobre todo, yo no me parezco tanto a mí como para volver a escribir con mayúsculas Como para convertir en una entrada lo que, necesariamente, debe ser simplemente una posdata...

lunes, 12 de agosto de 2013

El momento inicial

Me pregunto, ahora que las cosas van estando más claras, qué fue antes. El salto o el cambio. Si las cosas cambiaron tanto que me obligaron a avanzar o fue al dar el salto cuando vi las cosas cambiadas.
Si todo ha cambiado, si he cambiado yo, si ha sido todo a la vez pero, por algún motivo que soy la única que no ve con claridad esta vez ¿he, hemos, habéis, han? conseguido que nada siga igual.
Lo que sí sé es que esto no es nuevo. Porque aunque sea ahora cuando la loca del espejo ha saludado a algunos de los viejos conocidos de este blog, yo llevo meses viéndola emerger de una silueta de papel de periódico y carácter preasignado. Desde aquel huracán en el que Dorothy abandonó Kansas, aunque esta vez para (porfavorporfavor) no volver nunca más.
Y no le cae bien a todo el mundo. Ni siquiera sé todavía si me cae bien a mi. Pero me deja vivir. Y eso es importante.








...baja premeditación, nocturnidad media, adolescencia extrema...

jueves, 1 de agosto de 2013

Joder, joder, joder.

Hay una tía, ahí, en el espejo de mi baño, a la que no conozco de casi nada. Joderjoder. Me parece que nos hemos visto un par de veces, en situaciones extremas, casi siempre con mallas, pero no tengo muy claro cómo se llama. Joderconelperro. Ahora vive en mi casa. Coge cosas al vuelo. juega con bates, se lo toma con calma. Niputaideadequienes. Vive en el estupor etílico de lo que antes fue mi sentido de la dignidad. En algún momento se tiró al río y aún no ha salido. Yesoesasí. Trasnocha mucho y madruga más. Tejoneo en la noche, postureo en el día. Ojocuidao. Corta, cava, descava, a nivel acero. Encuentra vetas sorprendentes a raíz de teorías insospechadas. Joderjoderjoder.

Pues ésa es la que me ha saludado esta mañana. Y la otra, la payasa, no sé dónde anda... pero que cuide.




...es muy duro no saber si se es agua o se es aceite...